Parada en Biarritz
Seguimos con nuestros relatos vacacionales de este pasado verano. En una escapa al País Vasco francés, siguiendo nuestra ruta costera, fuimos a parar a la mítica localidad de Biarritz. Lo que en décadas pasadas se diese a conocer como sede vacacional de las clases burguesas se encontraba ahora más bien masificado y frecuentado por un público más joven. En pleno centro de la ciudad dimos con esta tienda de confitería que elabora montañas y montañas de macarons, al más puro estilo francés, además de bombones artesanales, turrones de sabores, alta pastelería y otras delicias reposteras.

Aquí os dejamos con la estampa trés chic de Maison Adam (27, Place Clémenceau), que es como se llama la tienda que, al parecer, es originaria de la cercana localidad de St-Jean-de-Luz (Place Louis XIV / 49, Rue Gambetta). También disponen de venta online desde su web (www.macarons-adam.com).

Tras nuestro periplo turístico por Biarritz caímos rendidos justo a la hora de merendar, un poco entrada la tarde, y dimos con una curiosa crepería bretona, donde otros comensales que ya cenaban nos observaban extrañados (“Ay, estos españoles…”). Aunque debo reconocer que las crêpes estaban riquísimas (de chocolate fundido, una, y de jamón y queso, la otra), el local daba un poco de grima, por pequeño y extremadamente humilde, con una cocina abierta y minúscula tras cuyo mostrador asomaba una pequeña señora afanándose orgullosa por elaborar sus artesanales crêpes. No muy simpática, debo decir, pero hay que reconocer que las crêpes, aunque sencillas, las bordaba (Crêperie Bigoudène. 2, Rue du Helder).

francés, siguiendo nuestra ruta costera, fuimos a parar a la mítica localidad de Biarritz. Lo que en
décadas pasadas se diese a conocer como sede vacacional de las clases burguesas se encontraba ahora más
bien masificado y frecuentado por un público más joven. En pleno centro de la ciudad dimos con esta
tienda de confitería que elaboraba montañas y montañas de macarons, al más puro estilo francés, además
de bombones artesanales, turrones de sabores y otras delicias reposteras. Aquí os dejo con la estampa
trés chic de ‘Maison Adam’ (27, Place Clémenceau), que es como se llama la tienda, al parecer, con doble
sede en St-Jean-de-Luz (Place Louis XIV / 49, Rue Gambetta).
También en Biarritz caímos rendidos (tras nuestro periplo turístico) a merendar, bien entrada la tarde,
en una curiosa crepería bretona, donde otros comensales que ya cenaban nos observaban extrañados (“estos
españoles…”). Aunque debo reconocer que las crêpes estaban riquísimas (de chocolate fundido, una, y de
jamón y queso, la otra), el local daba un poco de grima, por pequeño y extremadamente humilde, con una
cocina abierta y minúscula tras cuyo mostrador asomaba una pequeña señora afanándose orgullosa por
elaborar sus artesanales crêpes. No muy simpática, debo decir, pero hay que reconocer que las crêpes,
aunque sencillas, las bordaba (Crêperie Bigoudène. 2, Rue du Helder).
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